martes 19 de julio de 2011

Uno de Ingeborg Bachmann

Se abrieron los puertos. Nos embarcamos,
las velas delante, el sueño a bordo,
acero contra las rodillas y risa alrededor del cabello,
porque nuestros remos se encontraban en el mar, más veloces que Dios.

Nuestros remos golpearon las palas de dios y partieron
la marea;
delante era el día y detrás quedaron las noches,
arriba estaba nuestra estrella, y debajo se hundían las otras,
afuera se agitó la tormenta, y adentro creció nuestro puño.

Solo cuando una lluvia se encendió, volvimos a escucharnos,
las lanzas cayeron en picada y los ángeles avanzaron.
hilvanaron unos ojos aún más negros sobre nuestros ojos.
Derrotados permanecimos alli. Nuestro escudo alzó vuelo.

Una cruz en la sangre y un barco aún mayor sobre los corazones.